Cuando se piensa en el té japonés, suele venir a la mente el té verde.
Esa imagen no es incorrecta. El té verde forma parte de la vida japonesa desde hace mucho tiempo, y el té verde embotellado sigue siendo una de las bebidas más habituales en tiendas de conveniencia, supermercados, máquinas expendedoras, estaciones de tren y almuerzos para llevar.
Pero la cultura del té cotidiano en Japón ya no se limita al té verde.
Hace poco encontré una historia interesante en las redes sociales. Alguien contaba que, durante un viaje escolar, se sirvió té verde junto con los bentos de los estudiantes y muchas botellas quedaron sin terminar. La siguiente vez cambiaron la bebida por mugicha, té de cebada, y muchos más estudiantes se lo bebieron.
No sé si esta historia representa a todos los estudiantes de Japón. Pero resulta creíble.
Para muchos jóvenes, el té verde quizá no sea siempre la bebida más fácil. Tiene amargor. Contiene cafeína. Puede sentirse algo más “adulto” o tradicional. A algunas personas les gusta precisamente por eso, pero otras simplemente prefieren algo más suave.
El mugicha es diferente.
El mugicha es té de cebada. Normalmente no contiene cafeína, tiene un sabor suave y es fácil de beber. En Japón está muy asociado al verano, a las jarras en el frigorífico de casa, a las botellas que los niños llevan a la escuela y a las comidas familiares. Muchos niños crecen bebiéndolo frío.
No es lujoso. No está de moda de la misma manera que el matcha. No es el tipo de té japonés que suele presentarse de forma elegante en el extranjero.
Pero es extraordinariamente cotidiano.
Y esa normalidad importa.
Hoy en Japón se encuentran muchos tés embotellados que no son té verde: té de cebada, té tostado, mezclas de té, té de maíz, oolong, jazmín y opciones sin cafeína. Algunos son ligeros y fáciles de beber. Otros se venden como versiones “intensas” o “fuertes”, con sabores tostados más profundos o una mayor cantidad de hojas de té.
Esta botella, por ejemplo, es una mezcla de té sin cafeína que se vende como una versión de sabor más intenso. No se presenta como una bebida ceremonial ni como una experiencia cultural tradicional. Es simplemente algo que una persona puede comprar en una tienda de conveniencia, un supermercado o una máquina expendedora.
Eso es precisamente lo interesante.
La cultura japonesa del té suele mostrarse a través del matcha, la ceremonia del té y hermosas tazas. Pero la cultura del té de todos los días también está cambiando silenciosamente mediante botellas de plástico, viajes escolares, bentos y estanterías de tiendas de conveniencia.
Si los jóvenes dejan el té verde sin terminar pero beben mugicha, ese pequeño comportamiento dice algo real.
No significa que el té verde esté desapareciendo. Significa que las elecciones cotidianas son cada vez más diversas.
Japón sigue siendo un país que bebe té. Pero el té que la gente lleva en la mano no siempre es verde.

